Perdona que te escriba,
pero la curiosidad me presiona,
la amenaza del tiempo
me tortura lerdo
Y la mano de la soledad justiciera
me interroga y me dice
que te pregunté ¿ha quedado un recuerdo de amistad?
¿se ha disuelto, evaporado, consumido todo de tí?
yo no sé si lo es,
hablo con la penumbra del pasado,
que por cierto,
de mí no se ha marchado,
si fue posible eso
porque si lo fue
¿entoces por qué me aceptaste?
La repuesta la tienes tú,
y yo solo, esta inquietud
que me suprime a esperar
sentado o parado,
siempre, asi he estado,
preparando para preguntarte
también lo mismo.
Solo sigo esperando la verdad de tu respuesta.
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